Parece que el verano ya nos quiere decir adiós. Al menos las temperaturas nos están dando una tregua a un verano que, al menos a mí, me ha parecido extremadamente caluroso.
Intento, en cada estación, colgar en el pasillo un "quilt" no muy grande que represente la temporada en la que nos encontramos.
Para mí, verano es sinónimo de playa, de una playa decorada con casitas de madera de colores.
Las
casetas de playa fueron antiguamente una pieza muy característica del veraneo más elegante y, gracias a sus colores, también del más decorativo. Su función era la de
proteger a sus usuarios del sol, del viento o del gentío. También servían para
cambiarse de ropa sin riesgo de ser visto y para guardar los trastos. De
madera, tela o hasta latón, solían colocarse al inicio de la temporada estival
y se retiraban al final del verano, con la llegada de ese septiembre que
siempre amenaza con traer tiempos más fríos.
Así nos lo explicaba Elena Ruiz Martínez el verano del año pasado.
A día
de hoy, playas de
todo el mundo continúan tiñéndose de
alegres colores.
Hay verdaderas curiosidades como las "casetas móviles" que se
colocaban dentro del mar.
O como las casetas puesto de socorrista de Miami Beach.
Hace ya unos años que me quedé enamorada del proyecto "African Huts" de Kaffe Fassett de su libro: Quilt Road.
Es un proyecto que se realiza con la técnica del Paper piecing.
Las ropas:
Para el cuerpo de la caseta he elegido rayas de Rowan.
Para el resto colores variados, incluidos topos
Y unas telas que me gustan mucho que son las Grunge.Una de las cosas más divertidas es que cuando tienes todos los bloques finalizados hay que ordenarlos para finalizar el top definitivo.
Casi siempre coloco los bloques en el suelo e intento mirarlos un poco de lejos.
Cuando ya encuentro la combinación de colores que más me gusta, a coser.
En la trasera suelo colocar muchas de las ropas que me han sobrado del top. Así puedo ahorrar un poco de ropa ya que el ancho estándar de las telas suele ser 110 y estos quilts de pared suelen medir unos 120-130 cms.
Colocar la guata y a acolchar.
No suelo usar tambor para estos proyectos que no van muy acolchados así que me es muy práctico colocar el sándwich sobre la mesa de planchar.
Acolché el quilt durante la parte central del confinamiento escuchando el audiolibro "La peste" de Camus". Había leído el libro en mi época de bachillerato y aproveche para repasarlo. Ya dicen que la historia siempre se repite y realmente muchos de los pasajes del libro me resultaban muy familiares con la situación actual.
Quedémonos con la frase:
"Hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio"
Como el quilt está colgado en la pared siempre le coso un canalón para pasar la madera.
En la etiqueta del Quilt he añadido un minibloque.
El bies para rematar el quilt está también hecho con trozos de telas sobrantes.
Y así, poquito a poquito, las casitas de la playa nos acompañan cada día en un lugar preferente. Es un bonito pantone playero.
Disfrutemos un poco más de esos días largos con olor a mar.